jueves, abril 22, 2004

asco 

Eso es lo que sentí cuando ví el lunes el documental "El Año que trafiqué con mujeres". Su autor, que publica bajo el seudónimo de Antonio Salas, es el mismo que de "Diario de un skin", en el que denunciaba a los grupos ultras que rodean al mundo del fútbol. Ahora vuelve con toda la información recopilada durante un año en la que se hizo pasar por consumidor y "empresario" de la prostitución.


Reconozco que me enteré de la existencia de este libro por el revuelo que se formó al aparecer en él nombres de ciertas famosas, famosas "de mierda" en realidad, que pasean sus encantos de quirófano por los platós de televisión y confiesan habérselo montado con el famoso del momento, también famoso de mierda por supuesto. En uno de los capítulos del libro se habla de prostíbulos de lujo en los que tienen un book de señoritas entre las que hay desde modelos hasta presentadoras de televisión. Todo ello se puede confirmar con las imágenes grabadas con cámara oculta.

Pues bien, el documento televisivo comenzaba con el periodista preguntándose cómo era posible que hubiera levantado tanta polvareda el hecho de que algunas famosas se prostituyan y, por contra, nadie se hubiera hecho eco de otro capítulo del libro, en el que se describía una compra de niñas de 12 años, a un precio de veincinco mil dólares "por cabeza", para emplearlas en la prostitución. Esto también puede confirmarse viendo las imágenes del documental. Cuanta razón tiene Atonio Salas. Al fin y al cabo, todas esas bazofias de tetas operadas ya prostituyen su intimidad y su imagen día tras día. ¿Qué importará que además vendan su cuerpo por varios millones de pesetas? Lo realmente repugnante es que, por el mismo precio se puedan comprar media docena de niñas mejicanas de 12 ó 13 años, vírgenes por supuesto, para que sean juguetes en manos de la peor escoria de la sociedad.

Y no creas que es algo alejado de nuestra realidad. No pienses que la venta de "carne fresca" se realizó en un tugurio a escondidas. Nada de eso. El trato se cerró en la cafetería de un VIPs de Madrid. Esto es anecdótico, por supuesto, pero al verlo pensé que cualquier día mientras estás tomando un café, sin saberlo, a tu lado alguien puede estar vendiendo niñas como quién vende ganado. Y tu pensando que la vida es hermosa y merece la pena vivirse. Me voy a vomitar.

Donde los optimistas se enfrentan a la realidad