viernes, abril 16, 2004

juguetes rotos 


Iqbal Masih tenía cuatro años cuando su padre le vendió a una fábrica de alfombras de Punjab porque necesitaba un préstamo para pagar la boda del hijo mayor.

Para saldar la deuda, Iqbal trabajaba doce horas al día trenzando alfombras por una rupia diaria. Sin embargo, con unos intereses desorbitados, la deuda no paraba de crecer. A los 10 años Iqbal asistió a un mitin sobre derechos humanos y su vida cambió radicalmente. Consiguió la libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado y se convirtió en un activo luchador contra la explotación laboral.

El 16 de abril de 1995, cuando tenía 12 años, Iqbal fue asesinado a tiros cerca de Lahore. La mafia de las alfombras fue acusada del brutal crimen.

Hoy hace nueve años que fue asesinado Iqbal Masih y, en su memoria, es el "Día Contra la Explotación Infantil". Unos 246 millones de niños y niñas trabajan en el mundo. Pero no seamos reduccionistas. En la mayoría de las sociedades es normal que los menores de 18 años trabajen y, de hecho, en muchas esto es necesario para la subsistencia de las familias. Por tanto, siempre que los niños sean mayores de 12 años, el trabajo no afecte a su salud y no interfiera con su educación, se considera que este "trabajo infantil", aunque no deseable, es tolerable. El problema es que sólo una cuarta parte de los esos 246 millones cumplen estas condiciones. El resto, unos 170 millones de niños y niñas, o bien trabajan en condiciones de peligro, como en minas o manipulando productos químicos o lo hacen durante hasta 16 horas diarias. Y todo por un "sueldo" que no supera los 20 euros al mes en la mayoría de los casos. Ya no hablamos de trabajo infantil, sino de explotación infantil. Entre estos 170 millones de menores explotados están los obligados a ejercer la prostitución infantil, los que cosen las deportivas que cuestan cien euros y los que son, directamente, esclavos.

Cuando hoy nos pongamos nuestras deportivas Nike, la camiseta Adidas o los vaqueros Levi's, pensemos que han sido hechos por un niño de 12 años. Como Iqbal.

Donde los optimistas se enfrentan a la realidad