martes, mayo 11, 2004

Чеченская 

Diez años de guerra entre Rusia y Chechenia han dejado más de cien mil muertos por el camino. Como todas las guerras, las raíces son antiguas, demasiado, y el odio está enquistado en lo más profundo de cada pueblo. Ya en el siglo XIX chechenos e ingushes se enfrentaron a la dominación del Imperio Ruso, aunque pasaron a formar parte de la Unión Soviética a partir de 1859.

Años de convivencia en relativa paz, en los que Chechenia obtuvo plena autonomía y el rango de república, se truncaron durante la segunda guerra mundial cuando Stalin acusa al pueblo checheno de colaborar con el nazismo. Unos cuatrocientos mil chechenos son deportados a Siberia y a Asia Central. La mitad de ellos mueren por el camino. Sus pertenencias y sus tierras fueron entregadas a colonos rusos y no fue hasta 1957, bajo el mandato de Nikita Jruschov, que Chechenia recuperó su estatus de república y vuelven los deportados.

Entre amagos de guerra civil entre chechenos e ingushes, la madre Rusia de desmorona y en pocos años de pésima gestión, Chechenia es un caos administrativo. A Boris Yeltsin no se le ocurre mejor forma para estabilizar la región que ir a pasear los tanques por Grozny. (A veces me pregunto donde han estudiado estos grandes estrategas.) La resistencia chechena se retira a las montañas y se suceden dos años de guerra de guerrillas. Tras firmar un tratado de paz, Chechenia consigue la autonomía de facto en 1996.

En 1999, el país se encuentra de nuevo al borde de la guerra civil. Secuestros, tráfico de armas y la ley del más fuerte mandan en las calles de Grozny. En septiembre de este año se producen varios atentados en Rusia que dejan más de doscientos muertos y Putin envía tropas a Chechenia, adelantándose dos años a la guerra del siglo XXI: la guerra contra el terrorismo.

Desde entonces, se alternan los enfrentamientos en Chechenia con los atentados terroristas de los grupos independentistas.

El pasado día 9, en el estadio Dinamo de Grozny, una bomba mata al presidente de chechenia. La bomba situada en la tribuna de autoridades acabó con la vida de entre diez y treinta personas, según las fuentes, e hirió de diversa gravedad a unas cincuenta personas.


Este atentado es sólo un eslabón más en la cadena; una cadena que se lleva engarzando desde hace dos siglos y que seguirá creciendo durante los próximos años. Y mientras tanto, el pueblo pone los muertos.

"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego." Mahatma Ghandi

Donde los optimistas se enfrentan a la realidad