lunes, mayo 31, 2004

Oro negro, negro futuro 

Presuntos militantes islámicos irrumpieron en dos edificios de oficinas de la región productora de petróleo de Arabia Saudí, mataron a por lo menos 10 ocupantes del lugar y tomaron varias docenas de rehenes en un complejo de residencias de lujo.

Guardias de los edificios de oficinas dijeron que cuatro pistoleros vestidos con uniformes de estilo militar abrieron fuego y se enfrentaron a las fuerzas saudíes de seguridad del lugar antes de refugiarse en el Oasis, un vasto complejo residencial que contiene hoteles y apartamentos.

Las fuerzas saudíes de seguridad penetraron luego en el conglomerado residencial y rodearon a los atacantes en el sexto piso de un rascacielos, dijo un oficial de la policía a The Associated Press.

Un administrador del complejo dijo que los militantes habían tomado unos 50 rehenes, incluyendo a estadounidenses, italianos y árabes. El gerente habló con la condición de no ser identificado.

Al Qaeda ataca de nuevo. Cada golpe es asestado con la precisión de un cirujano. Con sus acciones en Nueva York y Madrid demostraron que eran capaz de asesinar en cualquier sitio. Con sus acciones en Arabia Saudí atacan al mercado. Además de sembrar el terror, su objetivo es tambalear el mundo del dinero. Saben perfectamente que es el dólar lo que mueve las "guerras de democratización". Irónicamente, los fanáticos son capaces de ver mejor la realidad que algunos de los que apoyan a los "democratizadores". Por muy nauseabundo que suene, muchos de los que están arriba prestarán más atención al ataque de Al Qaeda a una empresa petrolífera que a la muerte de doscientos trabajores.


Como una trampa del destino, los países en los que "los fanáticos" campan a sus anchas son los que tienen la llave del petróleo. Occidente necesita a Oriente para alimentar a sus máquinas y para fabricar los plásticos que envuelven las hamburguesas. En el fondo, son dos mundos condenados a entenderse. Aunque algunos crean que destruir ese mundo es una salida, están muy equivocados.

Los habitantes de ese otro mundo no son tan diferentes a nosotros. ¿Quién no daría su vida por defender a sus hijos, a sus hermanos, a sus padres? ¿Acaso alguien espera que se arrodillen mientras que pisoteamos sus vidas?

Matar a otro ser humano es un acto repulsivo.

Da igual si se hace en nombre de un Dios, de una bandera o por unos cuantos millones de barriles de petróleo.

"La guerra no es más que un asesinato en masa, y el asesinato no es progreso." Alphonse de Lamartine

Donde los optimistas se enfrentan a la realidad